Sistema Rais Formularios 2017
Submit to Twitter
Submit to Facebook
Submit to Facebook
 

“Medalla de Honor Sanmarquina” a los fundadores de la UNMSM

Falla barreda

Uno de los más grandes logros de la Orden de Predicadores de los Padres Dominicos, en sus 800 años de labor evangelizadora, fue la creación de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM), en 1551, por fray Tomás de San Martín. Por ello, en reconocimiento a la entidad que la gestó, la Decana de América confirió la Condecoración Orden “Medalla de Honor Sanmarquina”, en el Grado de Gran Cruz, a la primera orden religiosa que llegó al Perú creada por Santo Domingo.

 

Discurso de Orden

Mg. Ricardo Falla Barreda

 

Señora Doctora
Antonia Castro Rodríguez
Rectora(i) de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos

Señor Doctor
Bernardino Ramírez Bautista
Vicerrector(e) de Investigación de la UNMSM

Señor Presbítero de la Orden de Predicadores
Juan José Salaverry Villarreal
Provincial de la Provincia de San Juan Bautista del Perú

Señores Decanos

Señores Profesores Principales, Asociados y Auxiliares de la UNMSM

Religiosos y Religiosas de la Orden de Predicadores de la Provincia de San Juan Bautista del Perú.

Caballeros alumnos, Señoritas alumnas.

Señoras y Señores.

Señora Rectora:

En la Real y Pontificia Universidad Nacional Mayor de San Marcos sabemos muy bien que nuestros orígenes son dominicanos. Ninguno de nosotros ignora el nombre de Fray Tomas de San Martín en calidad de fundador de nuestra Universidad. Sabemos muy bien que en la Real Provisión de Valladolid del 12 de mayo de 1551 escrita de puño y letra por Carlos I de España y V de Alemania dice “por cuanto Fray Tomás de Martín de los Predicadores pide la creación de un Estudio General para la Ciudad de los Reyes del Perú, créese el Estudio General de los Reyes con los mismos privilegios y exenciones del Estudio General de Salamanca. Yo. El Rey”. Asimismo, que en la Bula Exponi Nobis emitida por el Papa San Pío V el 25 de julio de 1571 que confirma la fundación de San Marcos luego de haber recibido el Pase Regio del Consejo de Indias, se afirma “Considerando que la dicha ciudad de los Reyes es de las principales ciudades de las dichas partes, y que está llena de numerosa población, instituyó, fundó y erigió o concedió que se fundase, institúyase y eríjase un Estudio o Universidad General de Letras Humanas y Sagradas (…) aprobamos a perpetuidad, concedemos y permitimos la facultad y potestad de erigir, fundar e instituir, y a sus lectores y maestros y alumnos (…) los privilegios, indultos, concesiones, gracias, exenciones (…) tiene derecho el Estudio General de los Reyes pechar para todo el mundo (…) ”. En éste acto jurídico del siglo XVI aparece con nitidez el origen dominico de la Universidad. Es más, con la Constitución (estatuto) de 1571 sancionada por el Virrey Francisco de Toledo, quedó conformado el perfil que distingue a nuestra Universidad hasta el día de hoy en calidad de corporación de profesores, alumnos y egresados, y con palabras de la época “universitas magistrorum et escholarium et discipulorum”, cuyos grados y títulos tienen validez en todo el mundo, que en los conceptos de la Bula se manifiesta en los términos “pechar para todo el mundo”.
La presencia dominica en los primeros tiempos de nuestra Universidad se reveló en su primer Blasón, donde en lugar del evangelista San Marcos aparecía la Virgen de Rosario, es más, su primer local fue el convento de Santo Domingo, utilizándose para actividades académicas el Salón Capitular -donde nos encontramos en este momento- y sobre todo en los frailes que ocuparon el alto cargo de Rector, tales fueron Juan Bautista de la Roca (primer rector), Francisco de San Miguel, Tomás de Argumedo, Alonso de la Cerda, Antonio de Hervias, Francisco de la Cruz, Alonso Guerra.
Por los sucesos de 1571, las órdenes religiosas perdieron los privilegios académicos en la joven universidad limeña, sin embargo los dominicos conservaron algunos de ellos: conducción de la cátedra de Teología Moral (la ciencia política de la época) que permitía impartir la doctrina del “bien común” sustentada por Santo Tomás de Aquino, Doctor de la Iglesia, los principios del Derecho Natural y de Gentes expuesto por el dominico Francisco de Vitoria -reconocido hoy por la ONU como padre del derecho internacional- que en la célebre Escuela de Salamanca, sostenía que los “españoles e indios son iguales, por cuanto tienen el mismo origen divino”.  Hay que señalar, que los estudios de la doctrina del “bien común” y los del derecho natural y de gentes se mantienen como parte de la ordenación curricular de la Facultad de Derecho. Además, los dominicos mantuvieron la prerrogativa de mantener la Cátedra de Lengua de Naturales, situación que posibilitó a Fray Domingo de Santo Tomás OP elaborar el primer trabajo de investigación de campo del Perú y América como fue el Arte y vocabulario de la lengua quechua, impreso en Lima por Antonio Ricardo en 1586. Esta cátedra funciona ininterrumpidamente hasta nuestros días como parte de la estructura académica de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas.
La espiritualidad de los Hijos de Santo Domingo de Guzmán se manifestó en forma diáfana en el Perú a través de los llamados santos peruanos. Ahí está Santa Rosa de Lima, nombrada Patrona de América y las Filipinas; ahí está San Martín de Porres, nombrado por el Papa San Juan XXIII, Patrono de la Justicia Social; ahí está San Juan Macías, nombrado por el Papa San Juan Pablo II, Patrono de los Migrantes; ahí está la Beata Sor Ana de los Ángeles y Monteagudo; ahí está la Beta Ascensión Nicol, fundadora de las Misioneras dominicas del Rosario.
En el Catecismo de la Iglesia Católica de 1992, se cita la expresión de Santa Rosa de Lima “se llega al cielo por la escalera de la cruz”. Aquí, se aprecia uno de los rasgos de la espiritualidad dominica, servir al ser humano de manera radical, empezando por los más pobres. En el vocativo pontificio aplicado a San Martín de Porres, se perfila el trabajo dominico y de la iglesia en su conjunto y el de las personas de buena voluntad, de hacer todo lo posible para el logro de la justicia social. El ser humano, hecho a imagen y semejanza de Dios, tiene dignidad, y por ello no puede ser menoscabada por prácticas injustas en lo político, económico, social y cultural. La injusticia social solo genera como respuesta la violencia, el caos, atraso y miseria. Por ello, la Iglesia Católica desde hace mucho tiempo, afirma “justizia et pax”, la justicia trae la paz.
Otro hecho significativo de la espiritualidad dominica constituye el vocativo de San Juan Macías como es patrono de los migrantes. En efecto, en las últimas décadas millones de personas han dejado su país natal, agobiados por la pobreza, en busca del lugar que les permita mitigar en algo los dolores que provocan las penurias de la marginación. En la mayoría de los casos fueron rechazados y sometidos a prácticas denigrantes. Permítame un testimonio de parte. A inicios de los noventa me encontraba en Madrid luego de un periplo académico en la Universidad de Salamanca; en esta condición recorría la ciudad acompañado por un amigo y al pasar por las cercanías a un importante centro comercial, un joven de aproximadamente 25 años, de rodillas, tenía el trabajo de limpiar escupitajos, mi amigo me dijo “es peruano”. Se me estrujó el corazón, sentí terrible pena contemplar a mi compatriota en faena que ningún español quería para sí, pero la reservaba para los emigrantes. Y esta es la cruda realidad de los emigrantes. Los tres últimos padres de la iglesia han demandado a la sociedad de países ricos a tener piedad frentes a los emigrantes. Los emigrantes latinoamericanos, en su gran mayoría, son considerados personas de segunda y tercera clase en el mejor de los casos. Se trata de una realidad sumamente dura y en otros casos llega a la crueldad. “El patrono de los migrantes”, pues, pone de manifiesto otros de los rasgos de la espiritualidad dominica, la acogida, solidaridad y fraternidad a los despreciados por el egoísmo e iniquidad.
La Orden de Predicadores, está de fiesta, de júbilo por sus ochocientos años de peregrinaje por la historia. En este caminar, se les ha visto con sus hábitos blancos y capa negra portar en zurrones o mochilas a los santos Evangelios en el propósito de transmitir la palabra de Cristo, Dios de la Vida y Señor de la historia, a todas las personas que habitan el planeta. Este caminar no ha sido una empresa de fácil ejecución, por ello, se cuentan por miles los santos mártires de la Orden. Y, es que las dificultades jamás los arredraron, entes bien han sabido y saben que el anuncio de palabra de Dios puede costar la vida al igual que lo hizo el Divino Maestro.
Santo Domingo de Guzmán, sabedor de las implicancias que traía el hablar de Cristo a quienes no los conocían, instruyó a los frailes en el cultivo del estudio. San Alberto Magno y Santo Tomás de Aquino, reflexionando respecto a las maravillas que significa estudiar las disciplinas cognitivas de todo tipo y razón lógica, encontraron que la educación en calidad de fortaleza social y cultural, constituye el mejor instrumento que se dispone para la promoción humana. Es así que los Predicadores entendieron tempranamente que las Indias Occidentales o América requerían de instituciones educativas que les permitiera impartir conocimientos básicos a la sociedad respecto a las ciencias y humanidades. Fueron los dominicos, pues, que además de fundar San Marcos, también crearon entre los siglos XVI al XVIII las: Universidad Santo Tomás de Bogotá (1580), la Universidad Nuestra Señora del Rosario en Chile (1589), la Universidad San Carlos de Guatemala (1562), la Universidad Santo Tomás de Aquino de Quito (1623), la Universidad San Jerónimo de La Habana (1721), la Universidad Santa Rosa de Lima de Caracas (1722), la Universidad de Guadalajara de México (1791).
Si tuviéramos que observar la realidad cultural del continente americano de polo a polo, veremos que, en todos los países, sí, en todos los países, existen centros educativos fundados por los hijos e hijas de Domingo de Guzmán. Y en todos los centros educativos, llámense Universidades o simplemente escuelas de enseñanza básica, se imparte esmerada y exquisita formación intelectual premunida por los valores emanados de los Evangelios. Y es que los dominicos y dominicas se caracterizan por la contemplación, la oración, el estudio y la misión. Por ello, resuena con fuerza, aún, los célebres sermones de Antonio de Montesinos y Bartolomé de las Casas, quienes, con carácter profético, denunciaban las prácticas inicuas de quienes cultivaban la idolatría de la riqueza. Esta lamentable realidad se mantiene hasta nuestros días.
En 1992, nuestra Universidad imponía el grado de Doctor Honoris Causa a un peruano ilustre, se trataba del Dr. P. Gustavo Gutiérrez Merino, fraile de la Orden de Predicadores, fundador de la corriente teológica latinoamericana conocida como la Teología de la Liberación. San Marcos fue la primera universidad peruana en reconocer la obra intelectual y humana de tan ilustre compatriota. El Dr. Washington Delgado, Profesor Principal de la Facultad de Letras, en el discurso de orden, ponderó los merecimientos de quien no sólo se había dedicado al estudio y puesta en valor de la vida y obra de Bartolomé de las Casas, más sus aportes a la teología y ciencias vinculadas a las exploraciones del hacer humano, sino al sanmarquino que ponía en alto a su alma mater en el concierto de las naciones.
Es imposible encontrar documentación que permita estudiar los vínculos históricos entre la Orden de Predicadores y la Universidad de San Marcos en vista que, de los 16 tomos donde se registraban los actos académicos, solo quedó el número 14 y el resto fue destruido por los ocupantes de Lima durante los días de la guerra del Pacífico. No obstante, quedó una obra pictórica que en forma permanente nos habla de los lazos históricos que unen a dominicos y sanmarquinos. En la capilla de la Virgen de la Antigua, Patrona de la Universidad, ubicada en la basílica catedral de Lima, se encuentra instalado un enorme mural, en él aparece el evangelista San Marcos abriéndole las puertas del cielo a Santa Rosa de Lima. Este mural nos cuenta una historia, sí, la historia de cómo la Universidad de San Marcos intervino para que Isabel Flores de Oliva, la joven costurera del barrio de Monserrate y luego laica dominica, sea reconocida como la beata Rosa de Santa María y finalmente como Santa Rosa de Lima, Patrona de América y las Filipinas.

Señora Rectora, distinguida concurrencia:
Hoy, San Marcos condecora a la Provincia de San Juan Bautista de la Orden de Predicadores del Perú. Esta condecoración nos permite decir con el Salmo “estén alegres los de recto corazón”. Y como personas de “recto corazón”, y con alegría, abrazamos a los Predicadores como hijos agradecidos. Cuatrocientos ochenta cuatro años de servicio a la Iglesia y al Perú, nos permite repetir el dístico instalado en el pórtico de la Universidad por el eminentísimo Rector de San Marcos el Dr. Pedro de Peralta Barnuevo “enséñame la verdad, la ciencia, la justicia”
Es todo cuanto tengo que decir, y gracias por el privilegio de concederme el uso de la palabra en tan magno acontecimiento. Es todo.